ENTRE EL SEXO Y EL VACÍO

UN SOL INTERIOR (UN BEAU SOLEIL INTÉRIEUR) | CLAIRE DENIS, 2017
POR JESÚS URBANO

Claire Denis, autora fundamental de la nueva oleada de directores franceses encabezados por ella, Bruno Dumont o François Ozon, ha estrenado una pequeña y pulida joya que desarma todos los clichés narrativos de la fantasía romántica que el cine y la literatura han ido edificando hasta ahora. Dormido el ritmo en el sereno, luminoso y voluble rostro de Juliette Binoche, elección temática y de actriz que hace de esta película la más accesible de su autora, la directora compone una fragmentada sucesión de encuentros amorosos desprovistos de magia, tan banales y cercanos que se dirían reales. La estrategia, adaptando Fragmentos de un discurso amoroso de Barthes, es dibujar un relato urbano, en un entorno de comedia romántica sofisticada con jazz al fondo (Woody Allen viene al recuerdo en alguna escena, no sólo por los elementos ya mencionados más reconocibles sino por un finísimo sentido del humor que matiza y humaniza a los personajes) para filmar los intersticios del alma de una mujer sola.

Denis priva de un espacio en el que relacionarse de manera orgánica elidiendo siempre una construcción visual convencional, incluso en una película donde prima el plano/contraplano, ésta técnica adquiere aquí la radicalidad discursiva de las últimas cintas de Cronenberg, separando y aislando al personaje de una forma agresiva para una película que parece reírse de las fantasías de su protagonista, y de todos los relatos amorosos, con una compasión y cercanía que la acercan más al desencanto que al terreno de la ironía. La película se abre con un encuentro sexual filmando los cuerpos como entes vaciados, invadiendo un espacio privado irrecuperable en ese ritual obsceno. No son cuerpos que se aman sino que se violentan en contacto.

La siguiente escena que comparten estos personajes rodada en exquisito plano secuencia en un bar, fantasea con el imaginario escénico de una conversación romántica y, a pesar de la continuidad del plano, Denis sigue con su cámara la decepción implícita de ella, mientras el personaje se va definiendo por su interpelación al camarero. El encuentro con el hombre de la pescadería (rodado con el plano general adecuado para mostrar el distanciamiento sexual existente entre los personajes), o el encuentro con el actor, (construido con la finura y el tempo de una maestra de la comedia, suprimiéndonos el plano conjunto, mostrando cómo los personajes se evitan decir lo que quieren, cortando el plano en saltos de continuidad a primerísimos primeros planos de ella y al lado contrario del encuadre inicial, provocando una progresión dramática desesperante propia de la incomunicación de ellos [salvo el plano que comparten en el restaurante, propio de Claude Sautet, donde tras el cristal sólo vemos la fachada, la apariencia, para volver luego al coche, aislados otra vez por la disposición frontal del plano/contraplano que rige casi toda la película], amén de no filmar el tan ansiado encuentro sexual por su disfuncionalidad en el devenir del relato). Resaltar cómo la cámara que encierra a Binoche durante la película la libera en la escena del baile (único momento donde la fantasía romántica tiene lugar, donde el cuerpo se ve liberado de los márgenes del plano) así como la conversación final con el terapeuta/vidente interpretado por Gerard Depardieu, una suerte de demiurgo de todos los relatos románticos que generan la frustración de la protagonista, y de todos nosotros, relatos éstos, que Un sol interior trata de desmontar. Así, apoyada en una puesta en escena sutil que acompaña las relaciones y la tipología de los personajes entre los que la protagonista se encuentra, Claire Denis nos brinda su película más ligera y más juguetona con respecto a un imaginario genérico, sin perder nunca de vista que la verdadera tragedia es la desubicación del cuerpo en el relato romántico soñado, qué hacer con el cuerpo entre el sexo y el vacío.

ENTRE EL SEXO Y EL VACÍO ● 12 de Agosto de 2019