EL ARTISTA POSTRADO. MANK (DAVID FINCHER, 2020)

Una de las imágenes más significativas de Mank es la de su protagonista (Herman J.Mankiewicz, interpretado por Gary Oldman) en horas bajas postrado en una cama realizando un complicado guión: el que será Ciudadano Kane (Citizen Kane, Orson Welles, 1941). Esta imagen puede significar o vislumbrar la situación de un David Fincher atado a una industria que fabrica contenido audiovisual y lo ubica de cualquier manera en su plataforma. 

De hecho, es paradójico que Mank reivindique la figura del autor -en este caso del guionista-en la elaboración de una película cuando luego la productora que ha hecho posible esta película- Netflix-sitúa el nombre de su autor casi escondido y con la letra más pequeña posible.

El principal problema que tiene Mank es el sabotaje de su puesta en escena, alabada por algunos, no sé si será por el blanco y negro, elemento de prestigio en estos últimos años para ponderar algunas películas/mamotretos/artefactos como El Faro (The Lighthouse, Rogger Eggers, 2019).

El éxito de este tipo de producciones es síntoma de que la verborrea funciona, pero sobretodo y lo más importante: esta es mejor aceptada cuando esta está al son de mensajes progresistas en la lucha de clases, cuestiones de agenda contemporánea o se adscriben a géneros cinematográficos como el fantástico y el terror.

Pero como decía anteriormente, el principal problema de Mank no es lo que cuentasino como lo cuenta con imágenes. Su argumento puede ser más o menos interesante dependiendo del espectador, aunque la película tiene algunos problemas serios de guión en forma de enormes bandazos, personajes aparecen y desaparecen. El relato intenta abarcar demasiada información, desde la reivindicación de autoría, política económica Estadounidense, política exterior, política de estudios o aspectos concernientes a la vida del protagonista. Quizás ello sea uno de los motivos por los que este guión escrito por Jack Fincher -padre del director- estuviera guardado en un cajón durante tantos años.

Decimos esto por la planificación visual utilizada por Fincher, el cual aquí actúa como un fiel militante de la imagen expositiva-como si fuera el Tom Hooper de “El Discurso del Rey” (The King Speech, 2010)- reiterativa e incluso irritante a lo largo de toda la película. Las imágenes están totalmente plegadas a los diálogos, donde vemos planos/contraplanos con insertos de cualquier personaje que esté dentro del espacio, da igual que este sea relevante o no a la historia, Fincher dedica imágenes a todos ellos, aunque estos sean casi extras. Como muestra de ello, fijémonos en la escena donde Mank recibe la visita de uno de sus editores a la misma vez que recibe un cargamento de alcohol. En ella Fincher (F1), a pesar de tener un plano general desde la perspectiva de Mank (F2) donde se condensa toda la información necesaria, decide dedicar imágenes a todos los personajes cada vez que estos hablan (F3 hasta F16), fragmentando así la acción y la supuesta comicidad del momento.

F1
F2
F3
F4
F5
F6
F7
F8
F9
F10
F11
F12
F13
F14
F15
F16

Cuesta creer que el director de Seven (1995) construya su película con tics formales propios de directores que utilizan la imagen más estandarizada, reiterativa y menos expresiva posible. La película se construye a través de dos tiempos: uno presente, ambientado en 1940 donde Mank realiza el guión de lo que será la futura Ciudadano Kane y el pasado en forma de flashbacks que narran las vivencias de Mank durante la década de los 30. Ella está formalmente dividida, siendo el tiempo presente la que acusa un mayor número de imágenes-tanto planos de rodaje como de montaje- formando así una sobreabundancia de imágenes que o no dicen nada o subrayan continuamente lo evidente. Habría de preguntarse el porqué de este tipo de planificación que se acerca más al peor cine de este siglo XXI– el que niega la puesta en escena- que a la década de los años 40.

Incluso la aparición de Orson Welles aquí es saboteada ya que Fincher en lugar de evitar mostrar a una de las figuras míticas de la historia del cine decide dedicarle diferentes contraplanos- que no aportan nada y rompen el aura de misterio que rodea a Welles- cuando este habla con Mank vía telefónica, en lugar de eludir su aparición hasta el momento cumbre del film: cuando al final de la película Welles visita a Mank y ambos tienen el enfrentamiento verbal sobre la autoría del guión.  

No obstante, se agradece que toda la parte dedicada a los flashbacks de la década de los años 30 acuse menos este autentico sabotaje de puesta en escena, aunque también esté presente, como veremos más adelante. De hecho, Fincher nos recuerda a cada flashback que estamos viendo, un flashback señalado entre paréntesis, guiño a la escritura del guionista y de paso recordatorio al espectador más desinteresado para que no se pierda y sepa claramente que viajamos a otro marco temporal distinto donde el artista no está postrado en su cama.

A buen recaudo lo más destacable de Mank son estas representaciones del pasado, donde se intuye una cierta agilidad narrativa, tanto Mank como Fincher se encuentran un tanto liberados de su adocenamiento, la fisicidad de uno y la precisión de otro por momentos confluyen en pantalla a través de buenos instantes que tampoco son especialmente brillantes y muestran cierta irregularidad, pero que en conjunto forman otra película. Entre estos se encuentra la presentación del personaje de Louis B.Mayer en travelling contrapicado mientras este explica a Mank y a su hermano el funcionamiento de la Metro Goldwyn Mayer o la primera aparición de Marion Davies (Amanda Seyfried) en la parte alta de un set de rodaje donde Mank hablará con ella mientras este contempla desde la altitud cómo se filma lo que sale de la mente/escritura de los guionistas. 

No obstante, ejemplo de su irregularidad es una de las escenas de tesis del film, la que sucede casi al final en una fiesta en casa del magnate William Randolph Hearst (Charles Dance), donde Mank acude borracho y elabora un largo discurso. Dicha escena posee los tics de los que hablábamos al comienzo, en ella Fincher en lugar de potenciar la escena y uno de los momentos cumbres del film centrando los puntos de vista solo en los personajes principales (F17, F18, F20 y F25) decide insertar y subrayar reiteradamente el descontento de personajes que contemplan las incendiarias palabras de Mank (F19, F21, F22, F23 y F24), perdiendo así gran parte de la potencia del discurso, de la actuación de Gary Oldman (F22) y de las posibilidades visuales que ofrece el espacio. Detalles como este hacen que Mank sea una oportunidad perdida y en conjunto sea un trabajo bastante decepcionante del autor que la firma.

F17
F18
F19
F20
F21
F22
F23
F24
F25

Sin embargo, a lo largo de la película hay un interesante subtexto referente a la cuestión de la autoría. Ello está vehiculizado a través de un compañero de Mank (Shelly), al que han dejado dirigir unos noticiarios propagandísticos para unas elecciones. Tras contemplar estos, Mank mordazmente le dice que cree que no funcionaran, aunque la gente se crea que King Kong mide diez metros y Mary Pickford tenga 40 años y sea virgen. Estos cortos le parecen demasiado falsos-como el cine- aunque en el fondo Mank tendrá la duda del efecto que estos puedan tener en los resultados electorales. Por ello, intenta que sean retirados, pero fracasa en el intento. Finalmente estos serán decisivos en el resultado de las elecciones y Mank intenta evitar el suicidio de su colega. En el intento, tendrá lugar este revelador dialogo entre ellos:

Mank: Así no lo vas a lograr.

Shelly: ¿Lograr qué? 

Mank: Suicidarte. Lo he intentado. Lleva años.

 Shelly: Me cansé de hacer insertos y planos sin importancia.

 Mank: No eres la primera persona que renuncia a su integridad para llegar a lo más alto.

 Shelly: Thalberg dijo que había sido tu idea.

 Mank: A veces, mis ocurrencias no son las mejores.

Un dialogo que nos hace cuestionarnos si Fincher está hablando en primera persona, ya que su película está llena de esos “insertos y planos sin importancia” y aunque ha pasado más desapercibida de lo que se esperaba, parece que ha logrado el mismo efecto, como si Fincher quisiera decirnos que sabe que esto no es King Kong, pero puede colar.

En cuanto al apartado sonoro, la partitura de Trent Reznor y Atticus Ross tampoco está a la altura de otros trabajos anteriores a la hora de acompañar a las imágenes, deambulando, incluso hasta molestando en ocasiones, además de aparecer entre secuencias intentando aportar casi una comicidad que funciona solo por momentos, aquellos donde se realza la gestualidad de Mank. Por otro lado, su edición de sonido, sí que resulta muy interesante, ya que quizás sea el único elemento que remite al cine clásico.

Cuestión aparte es que Mank como apunta la crítica Elisa McCausland en el podcast Perros Verdes, se muestra como una “ejemplar clase magistral sobre el contexto (..) ” incita a querer saber más sobre diferentes personajes” [1], algo totalmente cierto, pero la cuestión es que el trabajo de puesta en escena de David Fincher no satisface de ninguna manera, ni en ella se establece un diálogo con el cine clásico, algo que señala en el mismo podcast el crítico Diego Salgado “a nivel formal es muy difícil justificar que Mank es una película que dialoga con el cine clásico, que dialoga con Ciudadano Kane[2]. En su crítica Salgado especifica algo que puede parecer tópico, pero saca a la palestra los enormes logros de la película de Welles “Ciudadano Kane es una película que trata todos los temas que trata la película de Fincher, solo que en el año 41(…) ya habla de política, de poder, medios, cine, estrellato, habla de muchos temas y solo como ficción es fabulosa en el sentido de fábula,  y en el sentido de que a nivel formal es por desgracia para tanto cine de ahora más moderna que una película como Mank”[3]

Arrebatados por la prisa de la sobredosis de novedades y estrenos, Mank pone de manifiesto la modernidad de la película de Welles y la sumisión de Fincher hacia el estándar de un sistema que moldea a autores.

En conjunto, Mank se queda en tierra de nadie quedando una película tan literaria como desaprovechada, donde su autor parece un artista postrado a las bondades del capital y sus medios de producción. Quizás lo mejor de esta sea que empuje a muchos a una labor de arqueología cinéfila y se descubra o re-descubra una película tan moderna como la que filmó Welles.


[1] Elisa McCausland  en el podcast Perros Verdes. 5×03: El Olvido del cine, filtros en redes sociales, “Mank” y David Fincher https://www.ivoox.com/5×03-el-olvido-del-cine-filtros-redes-audios-mp3_rf_62854235_1.html

[2] Diego Salgado en la misma fuente

[3] Ibídem

Por Adrián Chamizo