ENCONTRANDO LA MIRADA (Las Niñas, Pilar Palomero)

Comienza el mes de septiembre y llega a la cartelera una de las películas más importantes del extraño año cinematográfico 2020. Dentro de un contexto complicadísimo donde las plataformas están aprovechando para clavar hasta el último clavo en el ataúd que entierre a las salas de cine, nos encontramos con una “vuelta al cole” y unos últimos meses de estrenos en salas un tanto atípica y extraña por todas las circunstancias que nos rodean en esta “nueva normalidad”. La película Las Niñas pudo verse en pases de prensa poco antes de que se declara el Estado de Alarma en nuestro país. Tras ello la película estuvo esperando su gran momento, que es ahora. Las Niñas llega a las carteleras de nuestro país tras superar la gran prueba de fuego que era el Festival de Málaga- celebrado los últimos días de agosto-donde fue sin lugar a dudas la justa vencedora con la biznaga de oro (mejor película) y por si hubiera alguna duda también consiguió el premio Feroz de la Crítica, materializando así que, hasta el momento, es lo mejor del cine español de este 2020.

El debut de Pilar Palomero narra algunos acontecimientos que vivió de pequeña, por lo que su experiencia personal es inseparable de esta cinta, pero también lo es para todos y todas los que crecieron en los primeros años 90, donde el socialismo comenzaba a tambalearse por casos de corrupción, España entraba en una Europa en verdadera crisis por el estallido de la Guerra de los Balcanes y las campañas de preservativos inundaban las marquesinas para concienciar de las enfermedades que golpearon a la juventud “en aquellos maravillosos años 80”. Todo ello está de fondo en este gran debut. El acierto de la cinta es que su directora en su puesta en escena se “olvida” de las palabras- la preeminencia de estas es uno de los grandes problemas que lleva arrastrando el cine español desde hace mucho tiempo- para centrarse en lo que nos dicen las imágenes, concretamente en el punto de vista de Celia -excelente interpretación tanto de Andrea Fandos como de todas “las niñas”-, una niña de 11 años que empieza a tomar contacto con la adolescencia en esa España que comenzaba a ver como sus cimientos de progreso político, económico e institucional se tambaleaban. Lo más lucido de la cinta es cómo Palomero inserta todo el contexto histórico sin subrayarlo -véase una televisión que suena de fondo con una comparecencia de Felipe González defendiéndose de acusaciones del Partido Popular- y lo verdaderamente “importante” son las vivencias de su protagonista, Celia, figura femenina que crece con el trauma de la ausencia paterna y cuidada por una madre soltera (Natalia de Molina) -que con breves apariciones refleja la ética del cuidado- en unos años 90 que a simple vista parecen soleados, pero que transmiten una sensación de poca felicidad y llena de vacíos. Unos vacíos tan evidentes como los que sufre la cultura cinematográfica en nuestro país, tan acomplejada como huérfana de planes de estudios que nos enseñen desde pequeños una historia del cine para que las generaciones venideras entiendan mejor qué y cómo somos en un mundo donde ya todo es imagen, aunque no pocos se encarguen de devaluarla.  

Otro de los aciertos es que Palomero no se queda solo en lo general, sino que explica mediante sus imágenes y el sonido cómo la cultura pop nos moldeó ya fuera a base de intercambios de cassettes de grupos nacionales (en este caso Héroes del Silencio o Los Niños del Brasil) o viendo la parrilla televisiva, donde tenían cabida desde dibujos animados (Los Fruittis) hasta la telebasura que campaba a sus anchas con programas sonrojantes.

Lo doloroso del film es contemplar como aquellos años de descubrimiento ni fueron tan gloriosos, ni fuimos campeones. Fue el momento en el que todo empezaba a tambalearse y nadie se sentó a hablar con nosotros. En realidad, nadie se sentó a hablar sobre nada y, por ello, como país, arrastramos demasiados problemas (políticos, económicos, históricos y sociales) desde hace demasiado tiempo. De hecho, hemos cambiado tan poco que las mismas sillas y mesas verdes que aparecen en el colegio de monjas donde Celia estudia siguen poblando todavía algunos colegios públicos y ponen en evidencia que nuestro sistema educativo ha preocupado muy poco (o nada) a las altas administraciones, muestra de ello es la incertidumbre de docentes, padres y alumnado por la vuelta al colegio en el contexto pandémico actual. Sin embargo, Palomero expresó en la rueda de prensa del Festival que ella ha querido mostrar el contexto tal como lo vivió y no señalar a nadie. Acertada respuesta que refleja que quizás en España estamos demasiado acostumbrados a que nos señalen cómo mirar antes que obtener nuestra propia mirada.

Resulta curioso cómo en estos últimos años el cine español está poniendo en cuestión a través de diferentes relatos esa desmitificación de los 90, y no solo el hecho de hacerlo es llamativo, sino que estos directores y directoras han demostrado poseer una mirada particular (otro de los problemas de nuestro cine, la falta de mirada) además de que son ya varios y variados los casos: Grupo 7 (Alberto Rodriguez, 2012), Verano 1993 (Carla Simón, 2017), Verónica (Paco Plaza, 2017) o la reciente La Mort de Guillem (Carlos Marques-Marcet,2020) esta última proyectada también en el Festival de Cine de Málaga, pero fuera de concurso. 

Lo llamativo no solo es cómo Las Niñas al igual que Verano 1993 Verónica están ambientadas en esos primeros años 90, sino que ambas tienen un evidente discurso feminista de mujeres que empiezan a tener una mirada propia, ya sea a través del paso de diferentes etapas de la vida, la transición de ser niña, adolescente o mujer en un contexto difícil, concretamente de incomprensión hacía la orfandad y ausencia de figuras paternas y familiares, donde la pérdida de inocencia de estos personajes tiene lugar en el mismo momento que el avistamiento de las grietas de la España Democrática. 

En definitiva, Las Niñas se erige como una de las propuestas más interesantes del año, una película llena de sensibilidad y rigor visual donde su directora nos ofrece un viaje hacia atrás en el tiempo en el que la pérdida de la inocencia es necesaria para conformar una mirada como la que cierra la película (es difícil acabar una película mejor) sin necesidad de un contraplano condescendiente que conceda el visto bueno.

Por Adrián Chamizo