EVASIÓN Y VICTORIA.SALVAJE (UNHINGED, DERRICK BORTE, 2020)

En sus títulos de crédito -ese arte el de presentar un film que ya casi ha desaparecido por completo en la mayoría de cine comercial- Salvaje (Unhinged, Derrick Borte, 2020) plasma algunas de las fisuras de nuestra sociedad capitalista. Un sistema que poco a poco ha ido minando al individuo y que cada vez exige más y más a unos individuos de clase obrera que acaban por estallar ante un ritmo de vida demasiado agotador y líquido. 

Estos actos de violencia son plasmados en su carta de presentación a través de unas imágenes encuadradas entre finas fisuras, pero que acaban por estallar en la pantalla como los protagonistas de estas mismas. Así, contemplamos cantidad de atropellos, accidentes de tráfico, persecuciones, disputas entre ciudadanos a plena luz del día, etc. Imágenes reales y obtenidas de los nuevos medios digitales, ya sean cotidianos o de vigilancia- la imagen del Estado siempre está ahí- que ponen sobre la mesa unos sucesos disparatados e incrédulos, pero que en no pocas ocasiones acaban ocupando minutos en las cabeceras de algunos informativos de nuestro país.

Por ello, poner en duda la credibilidad de las imágenes de ficción con las que se construye el relato de «Salvaje» es cuanto menos una actitud bastante discutible y más cuando no pocas hordas de espectadores de cierta edad se siguen tomando en serio ficciones mercado-técnicas donde los protagonistas son iconos o «muñecos».

Esta tan criticada Salvaje no propone nada nuevo, ya habíamos visto esas fisuras en películas como El Estrangulador de Boston (The Boston Strangler, Richard Fleischer, 1968), donde además la pantalla acababa por reventar en mil pedazos al igual que la mente del personaje interpretado por Tony Curtis, la infravalorada y olvidada Joe, ciudadano americano (Joe, John G.Avildsen, 1970), la popular Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976), Un día de Furia (Falling Down, Joel Schumacher, 1993) o la reciente Joker (Todd Phillips, 2019).

Sin embargo, lo que hace interesante a Salvaje es la mezcla de los referentes mencionados con otros más ligados al thriller vehiculado por el movimiento de sus personajes, sobretodo mediante automóviles. Entre dichos referentes encontramos relación con El diablo sobre ruedas (Duel, Steven Spielberg, 1971),Speed (Jan de Bont, 1994), La Jungla de Cristal: La Venganza (Die Hard with a Vengeance, John McTiernan, 1995) o incluso con A la hora señalada (Nick of Time, John Badham,1995). Tampoco podemos pasar por alto los imprescindibles personajes de animación el Coyote (que aquí claramente es Russell Crowe) y el Correcaminos, creados por Chuck Jones en 1949 en el cortometraje Looney Tunes’ Merrie Melodies: Fast and Furry-ous.

Salvaje pone sobre la mesa una directa y rápida propuesta de Serie B, 91 minutos y una arriesgada premisa -una mujer que no tiene un buen día se tropieza con un personaje ya inestable (como se traduce su título original) y que tampoco tiene un buen día- que va en completo in crescendo al igual que el desarrollo de títulos ya mencionados, como Un día de Furia

En ella, juega un papel fundamental tanto el de la violencia física y mecánica como la digital de las nuevas tecnologías, por desgracia hoy día una de las principales herramientas de lamentables y vergonzantes acosos. Este tipo de violencias son plasmadas a través de múltiples formas, ya sea desde la distancia mediante ese prólogo de presentación del personaje interpretado por Crowe, el acertado travelling a través de su vehículo todoterreno Ford Ranger mientras ruge su motor, pasando por apuñalamientos, atropellos o colisiones de automóviles donde los elementos materiales acaban esparcidos por el asfalto. Todo ello, digámoslo ya, no está rodado con la brillantez de un maestro, pero tampoco despachado sin el más mínimo trabajo, véase la utilización del fuera de campo en un momento concreto. Es una película agresiva también en su composición de imágenes, inteligentemente basadas en la fisicidad de un corpulento Russell Crowe de cuyos primeros planos se transmiten-esa sudoración- tanto como su frialdad y su agresividad. 

Acostumbrados a un panorama atiborrado de imágenes amables, mercadotécnicas, reiterativas cuando no carentes de significado alguno, «Salvaje» pone sobre la mesa una agresividad descontrolada que se agradece ver en pantalla, ya que esta no olvida en ningún momento su sentido lúdico ni adrenalítico articulado a través de unas imágenes que reflejan comportamientos agresivos que no son ajenos a una realidad que nos rodea. 

Por otro lado, su montaje transmite tanto la fuerza necesaria para transmitir el agobio de la protagonista (interpretada por una notable Caren Pistorius no exenta de cierto carisma) -que ve como es extorsionada emocionalmente sin descanso a través de amenazas- como la espectacularidad de las fechorías automovilísticas causadas por el personaje interpretado por Russell Crowe. También se agradece el uso de una buena banda sonora que no sabotea la puesta en escena y que cumple acompañando a las imágenes en todo momento.

Los automóviles, histórico símbolo de libertad en Estados Unidos,  aquí se muestran en mayor parte como elemento violento y la condena de una sociedad alineada y frustrada. Algo parecido podríamos decir del audiovisual y del cine norteamericano comercial de la última década, la libertad y la creatividad han quedado postradas bajo una completa prensa de imágenes alienadoras, aunque por suerte alguna vez alguien se atreve a agitar el árbol, aunque sea solo un poco.

Por Adrián Chamizo