FESTIVAL DE MÁLAGA 2020

Las Niñas brillan y el Cine Iberoamericano mantiene la dignidad cinematográfica en Málaga.

Celebrada bajo el paraguas de la “nueva normalidad”, es decir de la más absoluta incertidumbre donde eran habituales los comentarios acerca de los rebrotes en nuestro país, se realizaba la última edición de Festival de Cine de Málaga. Una más que atípica edición veraniega marcada a todos los niveles por la situación pandémica, donde la medida de la temperatura y el gel hidroalcohólico conformaban el ritual repetitivo y necesario al entrar a visionar cualquier película del festival más celebrado del cine español. 

Entre su sección oficial La boda de Rosa (Icíar Bollaín) fue la primera prueba de fuego ya que abría el certamen. Bollaín dirige un relato feminista que pivota sobre Rosa (Candela Peña), una mujer que a mitad de sus cuarenta años decide comunicarle a su familia que ahora es el momento de vivir su vida. El trabajado guión de Bollaín se encuentra escudado por las grandes actuaciones de Candela Peña, Nathalie Poza (Premio a Mejor Actriz de Reparto), Paula Usero, y los siempre infalibles Sergi López y Ramón Barea, que componen una película tan honesta como ligera para reflexionar sobre el concepto de empatía en los ámbitos familiares. Consiguió el Premio Especial del Jurado.

Uno de los platos fuertes era Las Niñas (Pilar Palomero), debut de Pilar Palomero que no decepcionó y superó las expectativas en una película tan delicada como compleja donde se narra el paso de la infancia a la adolescencia de Celia. Bajo el punto de vista de esta niña nos adentraremos en los primeros años 90 con un contexto de fondo donde la España de la democracia y el progreso empezaba a alertar de sus rápidas costuras. “Esta es la mejor película que vamos a ver aquí” me dijo al acabar la proyección mi compañero de publicación Jesús Urbano y razón no le faltó. La película de Pilar Palomero obtuvo la Biznaga de Oro (Mejor Pelicula) y también consiguió el Premio Feroz de la Crítica.

Al acabar la rueda de prensa de “Las Niñas”, el siempre certero Fernando Mendez-Leite ya avisaba, expresando “la que viene después no tiene nada que ver”. Hasta el Cielo, la última película del curtido en cine de género Daniel Calparsoro, narra las peripecias de Ángel (Miguel Herrán) para escalar en la vida criminal. Una película que recoge solo la superficialidad de parte de la estética de los videojuegos sandbox de temática criminal para ponerla al servicio de la cultura neoliberal. Un relato plagado de imágenes publicitarias, imagen líquida y una música a todo trapo compuesta por Carlos Jean que se encarga de recargar esta inverosímil película (¡atención a los personajes femeninos!). Cuesta trabajo pensar que el mismo director de la fresca, cruda, creíble y sorprendente “Salto al vacío” firme “Hasta el cielo” y que esta sea la película que Calparsoro quería hacer, tal y como expresó en la rueda de prensa: “es el proyecto de mi vida”. Cuesta trabajo contemplar que donde había espacio para un cine callejero con textura sucia y olor a pirita, ahora encontremos una imagen cristalina aseada con una criminalidad que huele a colonia y es filmada desde drones sin importar desde dónde. El problema está en que tampoco podríamos pedir demasiado a un producto que lleva la firma de Netflix.

Black Beach (Esteban Crespo) era otro de los ejemplos que no se entendían en esta selección oficial, thriller internacional protagonizado por Raúl Arévalo y Candela Peña (que como anécdota se atrevió a rodar una persecución rechazando el uso de especialista) que se queda a medio camino de ser una gran película y que deja con la sensación de que tenía mimbres más que suficientes para dar un golpe en la mesa. En su favor ofrece un producto entretenido y digno con cierto acabado, que poco tiene que envidiar a muchas de las producciones internacionales que nutren las plataformas (de hecho, se estrenará en Netflix a principios de 2021). Por lo tanto, debemos de ser conscientes de que ofrece lo que promete.

10 años sin dirigir llevaba un certerísimo Achero Mañas en su rueda de prensa, donde fue preguntado por las series de televisión y las plataformas. Momento de gran lucidez que rompió con las esquemáticas ruedas de prensa, mostrándose muy crítico con el peligro que sufre el legado cinematográfico español y cómo las grandes plataformas están cercenando a la figura del autor. Sin embargo, su película Un mundo normal (Achero Mañas) propone una historia infantiloide repleta de imágenes dignas de un anuncio de Campofrío, donde el “todo saldrá bien” y el buen rollo acompañan cada plano (y no tiene pocos precisamente) del film. Una suerte de Captain Fantastic (Matt Ross, 2016) (qué daño está haciendo) a la española, donde Ernesto Alterio se esfuerza por dotar de gracia a su inmaduro personaje. Una película de personajes (discutibles todos) y no de imágenes, de hecho el propio Mañas espetaba durante la rueda de prensa “baso mi cine en la dirección de actores”. 

La chilena Piola (Luis Alejandro Pérez) aportó frescura, rebeldía y juventud dentro de la Sección Oficial. Un relato callejero de historias cruzadas protagonizado por diferentes jóvenes chilenos. Los sueños que no se cumplen, la esperanza de luchar por ellos y la pasión por el hip-hop acompañan a la mirada de un debutante Luis Alejandro Pérez que se esfuerza por retratar con pulso la incertidumbre que rodean a los personajes en todo momento.

El Inconveniente (Bernabé Rico), es la ópera prima de Bernabé Rico que consiguió el Premio del Público. Basada en una obra de teatro tenía como atractivo al dúo Kiti Manver (Premio a la Mejor Actriz) y Juana Acosta en una película que se antoja tan rutinaria en su forma como olvidable, con algunos destellos de buena comedia protagonizados por un Carlos Areces que roba el protagonismo. 

Diferente fue El Silencio del Cazador (Martín Desalvo), neowestern con tintes de thriller rodado en La Provincia de Misiones, lugar casi selvático donde el espacio y las relaciones humanas consumen al excelente trio actoral (Alberto Ammann, Pablo Echarri y Mora Recalde)-de hecho los dos actores ganaron el Premio ex aequo a Mejor Actor- en un relato lleno de tópicos clásicos pero conducidos con acierto y con un nervio cinético necesario para ofrecer el estado de ánimo agresivo de sus personajes masculinos, nervio que le valió el Premio a Mejor Montaje.

El diablo entre las piernas de Arturo Ripstein (Premio a Mejor Director) fue la película más compleja, desagradable y madura de toda la selección oficial. Un relato sobre la imposibilidad de no mirar hacia el vertedero del pasado, donde sus personajes se revuelcan en una telaraña de sordidez y fustigación, recordando lo que fue y ya no puede volver a ser. Mediante una pulcritud en su dirección y una fotografía en blanco y negro, sus personajes quedan encuadrados en grandes espacios repletos de objetos que son simbología de tiempos mejores que ya pasaron.

Malpaso (Héctor Valdez) fue una de las enormes decepciones dentro de una Sección oficial que tenía en su haber cierto nivel en los títulos escogidos de Cine Iberoamericano. Malpaso transita entre lo arty y un anuncio de ONG, una película que narra un tema delicado-el drama social que sufren dos huérfanos en la frontera entre República Dominicana y Haití- y se construye visualmente bajo un aparato sofisticado y de “prestigio” con imágenes casi publicitarias que intentan crear una emoción forzada y superficial.

Crónica de una tormenta (Mariana Barassi) era otro de los debuts de esta Sección Oficial. Basada en la obra de teatro “Testosterona”, la película se cimenta bajo las actuaciones de Ernesto Alterio y Clara Lago en un espacio cerrado (la redacción de un periódico). El pulso actoral entre ambos es constante reflejando las luchas de poder en el mundo del periodismo. El problema es que sus personajes dicen demasiado y sus imágenes tan poco…

La mexicana Blanco de verano (Rodrigo Ruiz Patterson) fue una de las mejores películas de esta Sección Oficial. Se trata de otro relato juvenil donde el vacío y la rabia tienen lugar. Narrada con una puesta en escena tan nerviosa como rigurosa, se centra en el punto de vista de un joven que realiza actos pirómanos para llamar la atención-como aquel niño que aparecía en Wonder Wheel (Woody Allen, 2017)- de su madre, la cual empieza a rehacer su vida con otro hombre. Esa masculinidad desplazada dará lugar a diferentes choques donde la imagen y el silencio trasmiten la incomprensión del joven. La película obtuvo varios galardones: Mejor Película Iberoamericana, Mejor Guión y Mejor Actor de Reparto.

A este lado del mundo (David Trueba) era otro de los títulos esperados. Mediante el peculiar estilo de Trueba, la película transita entre la comedia y el drama social de fondo, por ello explicó en la rueda de prensa que estaba interesado en el aspecto fronterizo de la geografía española y de la “anomalía de tener dos ciudades españolas en el continente africano” y del carácter que ello podía imprimir en la historia: “la frontera como transgresión”.

A este lado del mundo nos sitúa en la fronteriza ciudad de Melilla a través de un arquitecto (Vito Sanz) que es contratado para reforzar la muralla que separa España de África. El contrapunto y lo mejor de A este lado del mundo lo ofrece Anna Alarcón, la cual da vida a Nagore, una guardia civil cargada de matices que cuestionan el buenismo acerca del enorme problema de la inmigración que sufre España. Lástima que Trueba en su tramo final abandone el interesante tono que aporta el personaje de Anna Alarcón para abrazar ciertos tópicos y subrayados del cine español. Trueba en la rueda de prensa dejó interesantes observaciones sobre diferentes cuestiones que van desde la ignorancia acerca de nuestra cultura e historia “queremos mucho a nuestro país, pero no lo conocemos” hasta las facilidades que tuvo para rodar la película en la frontera “me encontré las puertas abiertas” donde destacó el sentido humanitario de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado que trabajan allí.

También fue preguntado por el papel que tienen las plataformas a lo que expuso: “realmente Netflix quiere las películas que necesita” (…)  “queremos llegar al público con las películas que hacemos, no con las que las plataformas necesitan” (…) “no puedes renunciar a las películas que quieres hacer”.

Los Europeos (Víctor García León) fue la encargada de cerrar la Sección Oficial. Basada en la obra homónima de Rafael Azcona, Los Europeos nos traslada a la España de finales de los 50 en un relato que transita entre la comedia y el drama en el esqueleto que conforma sus dos mitades. No podía ser de otra forma, tras un verano de fiesta y desenfreno en Ibiza repleto de chicas europeas vendrá la rutina y la vuelta a la normalidad, a la de una España grisácea donde el Franquismo lastraba los sueños de los jóvenes. Una película que en su primera mitad funciona a la perfección cuando el jolgorio y la comedia entran en acción a través de la fisicidad de un entrañable Raúl Arévalo y la labia de un Juan Diego Botto en estado de gracia. Sin embargo, en su segunda mitad cuando el relato recorre la parte dramática resulta más irregular. No obstante, Los Europeos fue una de las mejores películas españolas que ofreció la Sección Oficial. En su rueda de prensa el productor Enrique López Lavigne fue preguntado por el papel de las plataformas en la exhibición de su película. Lavigne defendió la exhibición en salas ya que Los Europeos fue “construida para ver en el cine” (…)“esto es una película que merece una sala”, pero consciente a la difícil situación que estamos viviendo, a lo que espetó por ser constructivos en estos momentos “vivimos un momento extraordinario para lo malo (…) las incertidumbres son todas” por lo que Los Europeos se distribuirá dentro de sus posibilidades “plataformas, salas y donde llegue a mayor gente posible”

Cerró la Sección Oficial y ya fuera de concurso, vimos la argentina El robo del siglo (Ariel Winograd), una comedia con toques de thriller basada en hechos reales. Una película tan divertida en su propuesta como rutinaria e incluso repetitiva en sus formas visuales con montajes contemporáneos que remiten a realizadores/publicistas como Guy Ritchie. Sin embargo, su dirección de actores y algunos gags visuales hacían olvidar los tics publicitarios para adentrarnos en sus toques de comedia clásica estableciendo divertidos contrapuntos entre personajes (Guillermo Francella y Diego Peretti).

Otra historia son las secciones paralelas. Les dues nits d´ahir (Pau Cruanyes Garrell, Gerard Vidal Barrena) es un más que acertado proyecto de fin de carrera donde se refleja la explosión de rabia e incomprensión de un grupo de jóvenes que han perdido a un amigo. A través de una puesta en escena en movimiento donde la cámara es casi un compañero de viaje más, se plasma un viaje hacia las entrañas de la amistad, el desenfreno y la impotencia ante la pérdida de un ser querido y la quiebra de un grupo de amigos. Una propuesta interesante que se proyectó en la sección Zona Zine.

También en Zona Zine pudimos ver otras propuestas interesantes como La ofrenda (Ventura Durall), elegante película sobre la las consecuencias de un recuerdo y su puesta escena en el presente o Lúa Vermella (Lois Patiño), gran experiencia sensorial de cine experimental donde se mezcla el terror y lo mitológico a través de una historia real: la búsqueda de un marinero (Rubio) que se dedica a buscar cuerpos varados en el mar. En ella, Patiño explora el tiempo, la inmovilidad, la percepción entre mito y realidad o la pérdida de seres queridos como metáfora del proceso de un duelo de un pueblo- el gallego- frente a alguien de la comunidad. Por ello sus imágenes evocan a almas en pena que vagan por el vacío cuando un náufrago se pierde o el más allá en la búsqueda del Rubio para encontrar los cadáveres. Toda una experiencia donde las imágenes y el sonido hablan por sí solos y donde Patiño consigue crear un aura tan hipnótica como aterradora bajo silencios y figuras inmóviles o filmando la rabia del mar.

Patiño en su rueda de prensa hablaba de “trabajar en el limbo de vivos o muertos, si es realidad o es mito” por ello era necesario utilizar un “tempo muy pausado, muy fluido” (…) “apagarlo todo a modo de susurro, por eso necesitábamos que fuera pausada” También tuvo lugar para hablar de las influencias, las cuales eran “más de la propia pintura que del propio cine”, citando a Hopper uno de sus principales referentes. También citaba a Lovecraft, crucial para elaborar los fantasmagóricos diálogos. En cuanto a influencias cinematográficas citó  “El año pasado en Marienbad” (Alain Resnais, 1961) para representar las figuras inmóviles o “El cielo sobre Berlín”(Wim Wenders, 1987) a la hora de plasmar la comunicación de las meigas con los muertos. Su intención era crear una “película hibrida” donde se mezcla la historia del Rubio de Camellas con el mito.

Por resaltar otro título, mencionar La Mort de Guillem (Carlos Marques-Marcet,2020) proyectada en la sección Málaga Première, cuyo primer pase tuvo tanto éxito que la organización del certamen realizó una segunda exhibición para todos los que se quedaron sin verla. La película, ambientada en hechos reales, narra el asesinato del joven militante antifascista valenciano Guillem Aguilló a principios de los años 90 por parte de militantes de extrema derecha. En ella, Marques-Marcet saca enorme partido a sus imágenes utilizando una inteligente puesta en escena basada el uso de vacíos en los encuadres del entorno familiar -una silla vacía o la ausencia de vida en la habitación del joven- e incluso elude representar la muerte de Guillem. Además, para afrontar la dramática y delicada historia se apoya en metraje de noticiarios reales para dar la visión del verdadero drama familiar de afrontar la pérdida y buscar justicia. En ella hay cabida hacia la reflexión y el simbolismo de un país, que como narra bajo subtexto Las niñas, que empezaba a asomar sus fisuras. Ello queda materializado en dos magníficas escenas, el derribo de un muro de una habitación por parte del padre de Guillem y la conversación de este con un viejo amigo que ahora es un cargo importante del partido socialista, donde se le dice al padre de Guillem que “el país necesita masilla” para ser reconstruido.

En resumen, un certamen atípico y extraño por todas las situaciones que nos rodean donde la nueva cinefilia de nuestro país estaba más preocupada por las piruetas narrativas de una película como Tenet (Christopher Nolan) que por el cine que se proyecta y se hace en nuestro país.

Además, la irregular Sección Oficial dejó un sabor de boca (la importancia de mantener el gusto ahora ya se antoja una cuestión de salud) un tanto agridulce, con la sensación de películas que estaban como escaparate publicitario (el caso de Hasta el Cielo El Inconveniente) junto a otras que eran propias de una Sección Oficial (véase la mayoría de las películas iberoamericanas, Las Niñas o Los Europeos). Otro aspecto curioso es como las propuestas más interesantes, caso de  La Ofrenda, Lúa Vermella o Les dues nits d´ahir, eran relegadas a espacios reducidos como la sección Zona Zine cuando estas eran producciones dignas de una Sección Oficial.

Sin embargo, gran parte del Palmarés otorgado por el Jurado Oficial hace vislumbrar que hubo justicia, ya que lo mejor del concurso fue premiado.

Por Adrián Chamizo