Y VIO DIOS QUE TODO ERA BUENO

El reverendo (2017) - Filmaffinity

El reverendo (First Reformed, Schrader, 2017)

La última película de Schrader se ocupa de un asunto de gran recorrido en el cine y la literatura: la crisis medioambiental y sus consecuencias para las generaciones futuras. Este tema, alejándose ya de la perspectiva distópica (y, en muchos casos, de resolución utópica) con que la ciencia ficción la ha presentado frecuentemente, ha empezado hace unos años a enmarcarse dentro de otros géneros y a adoptar nuevos tonos. Algunos ejemplos de ello son la serie Enlightened (2011-2013), de HBO, protagonizada por una Laura Dern que muestra gran facilidad para convertir su histriónico lado naif en activismo compulsivo en la oficina donde trabaja; o la novela detectivesca de campus El camino de Ida, que el argentino Ricardo Piglia publicó en 2013, y donde la defensa al medioambiente se presenta bajo la forma de un movimiento ecoterrorista de base literaria. Lo fascinante del trabajo de Schrader es que la cuestión del cambio climático se conjuga y confluye con toda coherencia con la evolución de una crisis religiosa.

Que El reverendo (First Reformed, Paul Schrader, 2017) toma como referente Diario de un cura rural (Journal d ́un curé de campagne, Bresson, 1951), es algo que queda patente desde el inicio de la película, ya que las dos se abren con la voz en off del protagonista, que justifica el diario que está redactando. El film de Schrader adopta la escritura de un diario para construir su narración, pero, especialmente, para transmitir la inquietud del reverendo Toller ante su dificultad por orar, algo que coincide con la preocupación del sacerdote de Bresson. En el carácter y costumbres de Toller se reconocen los del cura de Ambricourt: el abuso del alcohol para paliar su agonía espiritual, la aceptación sumisa de la misma enfermedad como forma de redención, y la sutil tentación de suicidarse, que es relegada por el suicidio real de personajes a los que han asesorado espiritualmente y de cuya muerte son acusados.

La aportación de Schrader a esta intertextualidad es que el quiebre físico del reverendo (cuyo rostro aparece siempre dividido entre la luz y la sombra) se presenta en paralelo a su toma de conciencia sobre la amenaza medioambiental, hasta el extremo que los males que aquejan al planeta parecen personificarse en el estado de salud de Toller.

Este desplazamiento convierte al reverendo en un nuevo salvador que, como el de las Sagradas Escri- turas, pretende purificar a su iglesia y redimir los pecados del hombre, los cuales, en los tiempos modernos, se han convertido en ataques contra la Tierra, expresión primera de la creación. Para ilustrarlo, Schrader recurre a los recursos del estilo trascendental sobre el que escribió en su ensayo de 1972, El estilo transcendental en el cine: Ozu, Bresson, Dreyer. La puesta en escena es austera; el ritmo, sosegado; la composición es a menudo planimétrica (término que Schrader toma de David Bordwell para describir tomas en que diferentes planos están alineados uno detrás de otro, dotando a la escena de una geometría rectangular), el sonido es preferiblemente diegético (su fuente está presente en la ficción del film) o sonido ambiente; y los personajes principales pocas veces transmiten emociones de manera intensa.

El reverendo no está rodada en blanco y negro; sin embargo, estos colores y sus gamas dominan el film, lo cual contribuye a la asepsia emocional. Algo que también logra la frecuente composición simétrica y rectilínea, además de servir para retratar la fingida rectitud moral de la institución Abundant Life, que sostiene a la pequeña iglesia del reverendo y que, en realidad, apoya proyectos contaminantes. El fundamento en torno al que se construye El reverendo es la disparidad (uno de los postulados del cine transcendental, junto con la estilización de lo cotidiano y la acción decisiva), es decir, la alienación del protagonista en el medio social en que vive. Por otra parte, al retratar la cotidianidad de Toller, Schrader no se queda en una sutil mención estética de las rutinas, sino que las presenta con una quietud que adelanta su carga significativa. Escenas como las del reverendo desatrancando el inodoro en su casa o recogiendo un conejo atrapado en el alambrado del jardín reflejan la precariedad vital del protagonista, pero, sobre todo, presagian su evolución psicológica. Así, el líquido desatascador acabará en el vaso deToller en su intención por suicidarse (formando una amalgama rosa de apariencia fetal en el recipiente).

Por otro lado, el conejo muere en el alambre con el que el reverendo llevará a cabo su propio sacrificio, un nuevo desplazamiento en que Toller se convierte en esa criatura de la naturaleza que muere a causa de instrumentos humanos. En las secuencias críticas de El reverendo pueden reconocerse los elementos de la acción decisiva, escenas que rompen con la quietud de lo cotidiano y que responden a la tensión alcanzada por la disparidad. En el Tour del Misterio Mágico, Mary y el reverendo Toller emprenden una especie de viaje astral recorriendo la Tierra y el cosmos. Un milagro al modo trascenden- tal, en cuanto supone una fisura en Toller, que descubre cuál es el modo de oración en los tiempos que corren: la militancia, ya sea esta violenta o conlleve la inmolación.

La otra gran acción decisiva es la secuencia final de la película. De ella cabría esperar una respuesta definitiva, pero, en cambio, induce a un cuestionamiento, tanto por el modo abrupto en que se desenvuelve la acción como por la forma en que la rueda Schrader. El momento de éxtasis se desencadena cuando, en medio del ritual sacrificial del reverendo, Mary, la única persona cercana a Toller, pronuncia el nombre de pila de este por primera vez. Este reconocimiento provoca la cisura definitiva. El fluido mortal de apariencia fetal cae al suelo, y a cambio se produce la unión con Mary, portadora de una nueva vida.

¿Significa esto que lo que pontificaba el reverendo al inicio de la película es cierto, es decir, que nuestra única salvación es la esperanza? Si es así, ¿es que Toller necesitaba evolucionar de la mera dialéctica a la vivencia real para creer sus propias palabras? ¿Es este final el abandono definitivo en el abrazo divino, tal y como menciona la música que llega desde la iglesia (Leaning on the Everlasting Arms)? Pero, ¿no se pregunta tal vez el espectador si el alambre espinado que aún lleva Toller es una amenaza para la mujer, para el bebé y para sí mismo en ese apasionado abrazo?

Sea como sea, la escena última reafirma a Mary, viuda de un hombre que se sacrificó a la misma edad de Cristo, y a su futuro hijo, como únicos seres puros en el entorno del reverendo. Si el abrazo de ambos comporta reconciliación con Dios, la imposibilidad de ésta, o el deseo de inmolación de la propia Mary es algo que Schrader deja abierto, y lo hace precisamente al cerrar abruptamente la escena.

La acción decisiva ilustra la liberación de las emociones, y tiene su correlato en un recurso cinematográfico tan sorprendente como necesario para alcanzar este éxtasis: un travelling circular del eterno abrazo (divino y humano), artilugio que libera la técnica con la que el director ha estado conteniendo la historia.

Por Mercedes Ontoria Peña

*Artículo originalmente publicado en el nº2 de Découpage